Participación ciudadana: Proa al marisco


Un pilar fundamental sobre el cual se asienta cualquier sistema democrático avanzado es la participación ciudadana. Así lo reconoce la Declaración Universal de Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; y la Constitución Española de 1978.

Hablar de participación ciudadana es hablar de diálogo, respeto, pluralidad y de implicación efectiva de la ciudadanía en la toma de las decisiones políticas de las instituciones públicas. Objetivos esenciales de participación son logar una gran cohesión social y que las políticas obedezcan a los intereses populares.

Toda iniciativa que emprenda el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en este sentido es acertada. Esta institución ha creado el Consejo Social de la Ciudad, los Consejos de Participación Ciudadana en todos los distritos de la ciudad y ha establecido los mecanismos necesarios para volver a potenciar el diálogo entre la ciudadanía y el Gobierno Municipal en los Plenos del Ayuntamiento -todo ello supone un avance respecto a la anterior política municipal del Partido Popular-. Estas medidas bienintencionadas, sin embargo, se han quedado en papel mojado, el Ayuntamiento no ha sabido ponerlas en práctica y no han tenido repercusión directa en la ciudadanía, quedándose en una mera participación de salón.

Dos ejemplos que escenifican esto es la elaboración del Presupuesto Municipal y del Plan General de Ordenación Municipal. En el primer caso, el Concejal de Hacienda, Rodolfo Espino, se comprometió a elaborar unos presupuestos participativos, pero la realidad es que presentó a los Consejos de Participación Ciudadana un presupuesto cerrado, inamovible y en el que no se recogieron las propuestas de los vecinos. ¿Cómo se puede hablar de un presupuesto participativo sin tener en cuenta las opiniones de los vecinos en cuanto a la distribución de los gastos e inversiones del mismo? La respuesta es sencilla: todo responde a una operación de marketing electoral. En el segundo caso, el grupo municipal no presentó ningún documento de avance del P.G.O.U, que es la primera ocasión en la que un proyecto se presenta a exposición pública y al resto de las administraciones, realizó un programa de participación social limitado y su periodo de exposición pública fue menor a los dos meses recomendables y coincidió con el periodo vacacional de verano. ¿Favorece esto realmente la implicación del ciudadano en la vida pública de la ciudad? No.

Por otro lado, el Plan Estratégico de Las Palmas de Gran Canaria (PROA 2020), que desarrolla la Asociación Iniciativa para la Reflexión Estratégica dirigida por Francisco Rubio Royo, es una de las últimas tomaduras de pelo de este Ayuntamiento. Esta asociación, “que persigue impulsar y desarrollar una estrategia compartida por los ciudadanos para que Las Palmas de Gran Canaria sea una ciudad del siglo XXI capaz de respetar y combinar la tradición y la innovación”, cuenta con una dirección que no es transparente, ni eficaz y en la que la participación brilla por su ausencia. No es participativo; porque participar no es limitarse solo a escuchar, es también tener en cuenta las opiniones de los ciudadanos y esto es precisamente lo que no se ha hecho con ninguna de las medidas adoptadas en este plan. No es eficaz; porque en dos años de andadura sólo ha planteado soluciones parciales (el parque de Tamaraceite) y no una visión global de ciudad. No es transparente; porque no se facilita el desglose presupuestario de la entidad, justificándose en la ley de protección de datos, cuando se trata de dinero público. La falta de transparencia es, sin duda, uno de los elementos que crean las condiciones para que se produzcan los tratos de favor y los casos de corrupción en la función pública, que tanto desprestigian a la política.

Por todo ello, y aprovechando que el Guiniguada pasa por la ciudad, debemos reclamar que el gobierno municipal, PSOE–Nardy Barrios, corrija de forma tajante y contundente la política de participación ciudadana del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. De no ser así, este barco va proa al marisco.

Darío Galván Marrero, miembro de JNCC en Las Palmas de Gran Canaria.

Román, si me permite, le muestro el Norte



No motivan estas palabras ni la originalidad, ni la audacia, ni la notoriedad, ni, mucho menos, la remota posibilidad de que llegue a usted. Lo que sinceramente produce el sentir de este artículo son sus indignantes palabras vertidas, a los medios de comunicación, el pasado domingo 29 de Noviembre de 2009.

En dicha declaración, en la que con en su habitual verborrea solo intenta emponzoñar la realidad, expresa que “toda una generación de jóvenes va a tener que repensar su futuro e irse de Canarias” y continúa diciendo, que las islas se encontrarán con “toda una generación perdida, porque incluso con formación y preparados no van a poder trabajar en Canarias”. Ante estas desnortadas declaraciones le respondo con una cita de William Penn en la que dice que “tienen derecho a censurar los que tienen corazón para ayudar”, y usted, señor Román Rodríguez, no está legitimado ni moral, ni social, ni éticamente.

Usted solo tiene como estrategia política el enfrenamiento más encarnizado, pueril y demagógico, que nace bajo su interés personal y el de los “estómagos agradecidos” que le acompañan en ese viaje suicida que usted denomina Nueva Canarias. Un rumbo que no tiene norte, que partió desde el odio y con una tripulación de apátridas del nacionalismo canario.

Nos encontramos en una situación de crisis económica internacional, en la que los jóvenes somos el eslabón más débil de la sociedad y en la que se nos utiliza como arma arrojadiza en las trifulcas entre las distintas administraciones públicas.

El Norte, señor Román Rodríguez, se encuentra en el trabajo bien hecho, ese que se avala con argumentos, lo que conforma nuestra carta de presentación. Precisamos de representantes políticos que trabajen para sacarnos de esta crisis, abriendo soluciones y no ampliando las tinieblas. Por ello, por el bien de Gran Canaria y por ende el de Canarias, le recomendaría que no permita que Gran Canaria sea la isla con más paro juvenil de Canarias, que no permita que los presupuestos de la Conserjería de Juventud sean tan escuálidos y que no permita la falta de participación de los jóvenes en las tomas de decisiones cabildicias.

Sin embargo, dudo mucho que a usted y su a formación política insularista le parezcan importantes los problemas de los jóvenes grancanarios, ya que ustedes están pendientes en otros quehaceres, como son: el pleito insular, intentar hacer sombra al PSOE en el Cabildo y criticar, de forma sistemática, a Coalición Canaria. Pero no se preocupe, estamos acostumbrados a ver como usted vive de su incontinencia verbal y no de su gestión pública.

Por último, le diré que Canarias tiene la generación más preparada de su historia, jóvenes innovadores, formados, ambiciosos, emprendedores, solidarios y convencidos de que Canarias debe seguir avanzando y mejorando. Jóvenes que no son el futuro, sino el presente que reclama su posición en la sociedad canaria.

Todas las administraciones públicas canarias (Gobierno de Canarias, Cabildos y Ayuntamientos) están trabajando para salir de esta crisis, pero parece ser que usted y el Cabildo de Gran Canaria son la nota discordante.

Rubén Romero, presidente de JNCC en Las Palmas de Gran Canaria.